Serpientes y escaleras - Semana de sangre

En opinión de Eolo Pacheco

Serpientes y escaleras - Semana de sangre

La maldición se cumplió: cuando jurábamos que no podíamos estar peor que antes…

 

Semana de sangre

El arranque de sexenio en México y en Morelos no ha sido sencillo, particularmente en materia de inseguridad. Cada uno de los primeros ocho meses del 2019 ha batido récords históricos en cuanto al número de asesinatos, día tras día se da cuenta de hechos violentos y cada vez son más crueles los actos delictivos cometidos por los grupos criminales. “No vamos a caer en la provocación”, responde el Gobierno de México; “No es una provocación” dice por su parte el Gobierno de Morelos. Parecía imposible, pero estamos peor que antes.

Las últimas setenta y dos horas han sido terribles en la tierra de Zapata: el viernes por la tarde un grupo armado atacó a dos personas que comían en un negocio ubicado en el crucero de Tejalpa del municipio de Jiutepec, uno de los más concurridos del estado y rodeado de todo tipo de negocios; los agresores llegaron, dispararon y se fueron, dejando como saldo dos personas sin vida y dos más lesionadas; horas después en cuanto salió el hospital donde era atendido, uno de los lesionados fue levantado y asesinado.

Ese mismo viernes por la tarde dos trabajadores de un sitio de taxis fueron baleados dentro del negocio donde trabajaban en la colonia Satélite, a unos metros de la base de la Policía Federal; igual que en el caso de Tejalpa al lugar llegaron sujetos armados, dispararon en repetidas ocasiones de forma directa contra dos personas y huyeron sin que nada ni nadie se los impidiera; el varón lesionado falleció más tarde en las instalaciones del nosocomio. Y la violencia siguió ese día: Por la noche una persona fue ejecutada en la colonia Amatitlán y otra más en la carretera federal México Cuernavaca.

A nivel nacional acaparó la atención lo ocurrido en un centro nocturno de Coatzacoalcos, donde 26 personas perdieron la vida en un ataque armado atribuido a Ricardo “N”, conocido también por el sobrenombre de “La Loca”; los gobiernos de Veracruz y México coincidieron en la identidad del autor material de los hechos, pero las fiscalías local y federal chocaron por la captura y liberación de dicha persona; el gobernador Cuitláhuac García acusó al Fiscal del Estado de haber liberado a “La Loca” a sabiendas de que contaba con antecedentes penales y luego el Fiscal rechazó las acusaciones y aclaró que Ricardo “N” sí había sido capturado y liberado, pero por la FGR, es decir, por el Gobierno de México.

A pesar de la incesante ola de sangre en Veracruz el presidente Andrés Manuel López Obrador refrendó su apoyo al gobernador García y reconoció el trabajo del gobierno de Morena en contra de los grupos delictivos. Otro dato: horas después del atentado en el bar “El Caballo Blanco” circuló un video en donde decapitaron a dos personas, una de ellas el propietario del bar donde murieron 26 personas. Pero regresemos a Morelos.

El sábado y el domingo también fueron días muy complicados en este pequeño estado del centro del país, ubicado a setenta kilómetros de la capital de la república; durante el día ocurrieron diversos hechos de violencia, empezando por el hallazgo de un cuerpo decapitado en la carretera Tezoyuca Tepetzingo, luego en la colonia Progreso de Jiutepec una persona fue ejecutada a balazos y en Mazatepec dispararon en contra de los tripulantes de un vehículo color rojo, dejando gravemente heridas a dos. El domingo por la mañana se conoció del ataque en contra de un centro nocturno en Jiutepec, dispararon en al menos 43 ocasiones dejando como saldo a 3 personas heridas.

En el marco de todo esto en las redes sociales circularon versiones que hablaban sobre diversos ataques perpetrados contra personas, negocios y empresas; se contó de agresiones cometidas por grupos armados contra taquerías y restaurantes, del saqueo a camiones refresqueros, del atentado en contra de personas que circulaban por las calles y del toque de queda en 4 municipios de la zona sur del estado.

Sobre esto último la noche del sábado el gobierno estatal salió al paso y desmintió que existiera un toque de queda y sobre todo ausencia de la policía; a través de un comunicado la administración estatal aseguró que algunos de los hechos compartidos en las redes sociales no correspondían al estado o habían sucedido en otro tiempo, también afirmó que había presencia permanente de la Guardia Nacional y de las policías estatales y federales, además de que conminó a los ciudadanos a reportar cualquier incidente a los números de emergencia.

A nadie queda duda que la semana pasada fue una de las peores que hemos vivido en Morelos en los últimos años, no solo por la incidencia delictiva y la forma de actuar de los grupos criminales, sino porque a ello se sumó una psicosis colectiva y la multiplicación de información falsa en redes sociales que generó pánico y molestia generalizada. Y no es para menos: el lunes de la semana pasada iniciamos el día con 999 ejecuciones, 144 más que en todo el 2018, pero para la mañana del domingo la cifra había crecido exponencialmente hasta alcanzar las 1036 muertes violentas, es decir 37 asesinatos en tan solo una semana.

La situación de violencia e inseguridad en el país y en el estado son sumamente graves y resulta imposible ocultarlas; lo que vendrá en el futuro es incierto, pero es difícil suponer que habrá un cambio positivo toda vez que no existe un ajuste en la estrategia de seguridad, ni un reconocimiento real del problema y sobre todo porque entre la sociedad y el gobierno cada día se amplían los diferendos.

A nivel nacional el presidente López Obrador intenta sortear el vendaval con la Guardia Nacional y soporta su discurso en los 67 puntos de aceptación que tiene a nueve meses de que inició su mandato; localmente la situación es mucho más complicada para el gobernador Cuauhtémoc Blanco, pues no solo enfrenta una caída drástica en simpatía, también tiene que lidiar con losconflictos que hay dentro de su gabinete, los ataques permanentes de sus adversarios políticos y el creciente descontento social en contra de su administración.

El elemento nuevo que hay en este ya conocido escenario de desastre morelense es lo que ocurrió el fin de semana en las redes sociales; es innegable que la delincuencia le va ganando la partida al estado, que los grupos criminales han hecho suyos muchos territorios de la entidad y que los cárteles operan con absoluta libertad en el estado, pero ahora se añade el rumor y las noticias falsas en las redes sociales, los mensajes sistemáticos que siembran en distintas plataformas de comunicación y la invención de historias de terror que generan psicosis colectiva.

Esto último funciona porque el ambiente es propicio para ello, porque es fácil hablar de inseguridad en un estado donde la ley no se aplica y es sencillo creer historias de violencia cuando todos los días somos testigos del avance de la criminalidad. El gobierno estatal ha perdido credibilidad y aunque emita comunicados y rechace sistemáticamente los hechos, la gente no le cree.

Hoy el problema de inseguridad, violencia y percepción es sumamente grave en la tierra de Zapata, el gobierno estatal y su titular carecen de credibilidad y ello es consecuencia (entre otras cosas) de las ausencias y desinterés que ha mostrado Cuauhtémoc Blanco con los problemas del estado. Imposible confiar en alguien que nunca está y que no se interesa por la gente de aquí.

El saldo de lo ocurrido la semana pasada en Morelos es terrible y va más allá del número de muertes y hechos de violencia; lo que estamos viendo es, además, el desarrollo exponencial del rumor, la propagación sistemática de información falsa y el regreso de una psicosis colectiva que no veíamos desde la segunda mitad del sexenio de Marco Adame, luego de la muerte de Arturo Beltrán Leyva.

Ahora el gobierno no debe lidiar solo con los grupos delictivos y la imparable ola de violencia e inseguridad; después de lo que vimos la semana pasada a Cuauhtémoc Blanco le toca luchar contra la falta de confianza en su gobierno, contra el enojo colectivo de la gente y la propagación de rumores en las redes sociales.

Si el gobernador y su equipo no entienden lo que ya tienen enfrente y lo que derivará de ese escenario, muy pronto hablaremos no solo de la salida anticipada del jefe del ejecutivo estatal, también se exigirá fincar responsabilidades al titular de un poder que no supo, pudo o quiso ejercer la responsabilidad para la cual fue electo.

Varias veces comentamos los riesgos que tendría para este gobierno la falta de análisis y operación política, el problema de percepción, la simulación de varios secretarios y la falta de compromiso del titular. Hoy comenzamos a ver las consecuencias.

  • posdata

La 54 legislatura de Morelos está destinada al fracaso, no hay forma de remediarlo. A pesar de que generó expectativa y representó la esperanza de un cambio, sobre todo porque está conformada mayoritariamente por mujeres, lo que vemos es una repetición de todos los viejos vicios y excesos del pasado, con la diferencia de que los actuales legisladores son incapaces de ponerse de acuerdo entre ellos.

Al principio justificaron sus dislates con un supuesto ataque e intento de intervención del ejecutivo en la vida parlamentaria, dijeron que no los dejaban trabajar ni cumplir con sus promesas de campaña; luego vino el presupuesto y la cosa se puso peor porque exhibieron su voraz ambición; entonces comenzó a verse que además de todo estábamos frente a un grupo de políticos sin experiencia, sin capacidad, pero también sin moral, sin valores ni compromiso social. Digamos que resultaron ser iguales que sus antecesores, pero mucho más estúpidos.

Lo que se ve no se juzga: las damas de la legislatura no han sido capaces de llegar a un acuerdo entre ellas y son capaces de perder la oportunidad de un cambio real con tal de no dejar pasar a otra. Las peores enemigas de las mujeres del congreso son las mismas mujeres del congreso.

En esta coprológica historia parlamentaria no solo vemos una evidente parálisis legislativa, también damos cuenta del chapulineo político y la sumisión a los vicios más perversos del ser humano. Durante el primer año legislativo varios diputados han cambiado de playera y en la última semana dos de ellos se mudaron a otro grupo parlamentario.

Nadie, ningún miembro de este parlamento vale la pena para volver a ser votado.

  • nota

Cuando los errores no se corrigen, las historias se repiten. Hagamos memoria:

Después de la muerte de Arturo Beltrán Leyva las cosas se pusieron muy mal en Morelos en materia de seguridad; luego de la caída del líder de ese poderoso cártel aparecieron decenas de células delictivas dispuestas a pelear a sangre y fuego el territorio.

En ese contexto un día surgió la supuesta amenaza de un grupo delictivo que ordenaba a los habitantes de la capital a no salir por la noche so pena de ser atacados; iban (dijeron) a llevar a cabo una especie de purga social y por ello todos debían salvaguardarse. El gobierno de Marco Adame conoció de los hechos y en lugar de salir al paso, guardo silencio y recomendó en corto atender el toque de queda.

El mensaje resultó falso y su autoría se atribuyó a un priísta de Temixco, pero independientemente de todo, ese viernes Cuernavaca se volvió un pueblo fantasma.

El fin de semana pasado la historia se repitió en Morelos, solo que ahora en la zona sur; a través de redes sociales se difundieron las presuntas amenazas de un grupo delictivo y la población de 4 municipios se escondió; las escuelas se vaciaron, los negocios cerraron y hasta el transporte público y los taxis dejaron de circular. El sábado por la noche el gobierno desmintió el toque de queda y realizó patrullajes en la zona, pero ni así la gente salió.

El toque de queda fue falso, dijo el gobierno, pero la parálisis en la zona sur fue real.

  • post it

Lo acepta Rafael Reyes, alcalde de Jiutepec: ni la Guardia Nacional ha logrado disminuir la violencia en su municipio. ¿Y si llamamos al Chapulín Colorado?

  • redes sociales

Las redes sociales son hoy la verdadera oposición del gobierno. Benditas redes sociales.

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