Inclusión Educativa en la UAEM - El trinomio de la equidad: inclusión

En opinión de Eliseo Guajardo Ramos

Inclusión Educativa en la UAEM - El trinomio de la equidad: inclusión

La discapacidad como un enfoque social, parte del desempeño del individuo en su contexto y se caracteriza por una condición de relatividad. La interacción en cada contexto determina el grado de discapacidad, no es absoluta y uniforme. En contextos excluyentes, la discapacidad se acentúa, a diferencia de los ambientes incluyentes, que se disminuye, cualitativamente. No hay una relación directamente proporcional con la deficiencia, que es de origen orgánico. Y puede ser absoluta e irreversible, por causas hereditarias o adquiridas de forma congénita, traumática, accidental o por enfermedad. El grado de la deficiencia puede medirse cuantitativamente a grados muy precisos, instrumentalmente. El contexto social influye poco significativamente en la deficiencia.

 

 

Se suele considerar a la discapacidad y a la deficiencia como sinónimos y de denomina a una entidad por referirse a la otra. Por ello, vemos que hay esfuerzos nominales para diferenciarlos, y se habla de “capacidades diferentes”, que es muy desafortunada por eufemística; así como “diversidad funcional”, que es más acertada, pero no es reconocida por los organismos internacionales, multilaterales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la de Educación y la Ciencia y la Cultura (UNESCO). También, hay malabares gráficos de escritura para reducir una carga negativa o peyorativa al término, es el caso de: “(Dis) capacidad”.

 

 

De hecho, el prefijo “dis”, es disminución menor. Un ejemplo fue la “dislexia”, acuñada por Decroly en el Siglo XIX, para diferenciarla de la “alexia”. Se aplicaba la alexia a los, entonces, definidos como deficientes mentales. Que significaba ceguera a la letra en latín. Porque no aprendían a leer y escribir. Para aquellos niños de inteligencia normal o superior, que tenían dificultades para aprender a leer y escribir, se atenuaba la figurativa ceguera a la letra, y convirtiendo el termino con “dis”: dislexia.

 

Pero el asunto va más allá de los términos, es una condición de conceptos. Pero si la condición de deficiencia es una condición orgánica y la discapacidad es una condición social ¿Qué pasaría si no existiera el término de discapacidad? Con mayor razón se asimilaría la discapacidad a la deficiencia. Y nombrando a una se estaría denominado a las dos. Sería en desventaja de la condición social. Que es lo que ocurre al considéralos sinónimos a ambos términos.

 

 

La OMS diferenció deficiencia de discapacidad en su clasificación internacional de las discapacidades, en 1980. Pero, en 2001, pretendió un mecanismo a la inversa de lo que ha ocurrido en los hechos. En lugar de asimilar la discapacidad a la deficiencia, pretende que sea asimilada la deficiencia a la discapacidad. Esta pretensión es mayúscula. Para empezar, en 1980, diferenció tres entidades: “deficiencia-discapacidad-minusvalía”. Reservando el término minusvalía a la exclusión social, en términos legales, institucionales o formales. Estas tres condiciones, la orgánica, la individual y la legal o social, correspondientes, son dinámicas e interactivas entre sí. No es fácil delimitar donde termina una y comienza la otra. Por lo que para abarcar a las tres, pretende que sean denominadas todas bajo el concepto llamado Discapacidad, con mayúscula. Por lo que habría una discapacidad con minúscula y otra con mayúscula. La primera, referida a una simple entidad social individual de la discapacidad y, la segunda, a una condición compleja y dinámica.

 

 

Así las cosas, la Discapacidad entra al campo de la complejidad, la interdisciplina y en la transdisciplina, si de transformaciones se trata. Como se puede advertir, no es cuestión de términos, sino de conceptos. Necesitamos los nombres de diferencias sutiles o radicales para no entrar en un marasmo conceptual.

 

 

La deficiencia (con apellido) orgánica requiere de una discriminación fina entre todas las demás para su adecuada clasificación y atención médica adecuada y oportuna. Hay, necesarias y convenientes desigualdades entre las deficiencias. Distinto a las discapacidades, cuyas connotaciones conllevan a las diferencias, que No desigualdades, para su reconocimiento e identidad. Más que una atención a la discapacidad, que es un resabio médico, es muy importante el reconocimiento, primero como personas con todos sus derechos y obligaciones, como cualquiera otra persona sin discapacidad. La identidad por diferencia no debe tener consecuencias de desigualdad social.

 

El trinomio de inclusión con equidad es “discapacidad-diferencia-reconocimiento”: identidad de la persona; no confundir con el trinomio de “deficiencia-desigualdad-atención”: discriminación diagnóstica médica. Ni cruzar los términos de la ecuación.

 

 

La reflexión anterior, es un apunte en el linde de lo epistemológico. Que ayer en la mesa del Foro “La Universidad ante la Inclusión de las personas con discapacidad”, convocado por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM-Lerma) y la Universidad Iberoamericana (Sede CDMX), reunieron a este 28 de febrero y 1 de marzo, a la UAEM, la Universidad Politécnica Santa Rosa de Jáuregui; la Ibero; y la UAM. Donde se abordó la operación de la inclusión en cada una de ellas y reflexiones más allá de la operación, de alcance conceptual y epistemológico. Pero que se revierte en las perspectivas de la operación cotidiana.

 

 

educacioninclusiva.egr@gmail.com