El Tercer Ojo - Breve historia de la medicina y de la relación médico-paciente (Trigésima segunda parte)

En opinión de J. Enrique Alvarez Alcántara

El Tercer Ojo - Breve historia de la medicina y de la relación médico-paciente (Trigésima segunda parte)

Hacia los orígenes y desarrollo de la psiquiatría, neurología y neuropsicología

 

Dando continuidad a nuestra presentación del movimiento antipsiquiátrico y recordando que el psiquiatra italiano Franco Basaglia, quien hubiera publicado en el año de 1968 su trabajo L’Istituzione Negata y, en el año de 1975 publicase Crimini Di Pace, ambos editados por Giulio Eunaudi Ed, sostiene la denuncia abierta a las prácticas de la psiquiatría institucionalizada tanto en Europa como en América. Muy claramente se han publicado diversas narraciones, crónicas, estudios, así como diversos análisis sobre el carácter deshumanizado y deshumanizante del control, represión y sojuzgamiento que la práctica psiquiátrica hubo realizado a lo largo de su historia. Por ejemplo, en su Breve Historia de la Locura Roy Porter hace una dramática y escalofriante narración de la institucionalización psiquiátrica; Michel Foucault, en su Breve Historia de la Locura en la Época Clásica, presenta un análisis y descripción con los que concuerda Roy Porter. En la  L’Istituzione Negata Franco Basaglia junto con otros psiquiatras, presenta de manera muy detallada la propuesta de “desinstitucionalización” de los pacientes psiquiátricos y el impulso de una rehabilitación basada en la comunidad.

 

El trabajo da comienzo con el análisis de las instituciones e institucionalización de la violencia y, en los siguientes tres capítulos exponen la estrategia que denominan “la negación del hospital psiquiátrico tradicional”; para ello desarrollan dos premisas fundamentales para este enfoque: primera, la ideología de la comunidad terapéutica y, segunda, los mitos y realidades sobre la autogestión.

 

Por otra parte, el libro Crimini Di Pace, que en realidad presenta las memorias de un congreso organizado por Basaglia en Italia; dicha reunión convocó a los representantes más conspicuos e importantes del movimiento antipsiquiátrico, entre los cuales podemos referir a: M. Foucault, R. Laing, E. Goffman, T.S. Szasz, Franca Basaglia, entre otros.

 

En esta reunión se presentaron temas tales como La casa della Follia, por M. Foucault; Psicología e ideología, por N. Chomsky; Consideraciones sobre la psiquiatría, por R. Laing; La pazzia del posto, por E. Goffman; La psichiatria a chi giova?, por T.S. Szasz, entre otros.

 

Para esta época, cuando aún no se impulsaba de manera amplia y sistemática la lobotomía o leucotomía, pero ya se practicaban los electroshocks y los shocks insulínicos, la psiquiatría se hallaba en el cadalso como acusada de los “crímenes de la paz”.

 

Bajo estas circunstancias, el psicoanálisis, los psicoanalistas, así como la antipsiquiatría tuvieron una resonancia y una fuerza mediática que en las diversas naciones del orbe no pudo ocultarse. Jeffrey A. Lieberman, en su Historia de la Psiquiatría, expresa de manera explicita que la lucha por el diseño y edición del Manual DSM-III fue resultado de una batalla frontal contra el psicoanálisis y la antipsiquiatría; pero aún más, que sin habérselo propuesto, la “irrupción del cerebro” ayudó al renacimiento de la psiquiatría, como neuropsiquiatría.

 

En el capitulo 7 de su Historia de la Psiquiatría expresa metafóricamente: “En el Mago de Oz, el Espantapájaros anhela un cerebro. Para su sorpresa, el Mago le informa de que ya posee uno: él no lo sabía. Lo mismo habría podido decirse durante la mayor parte del siglo XX de la psiquiatría: actuaba como si no tuviera cerebro. Aún siendo en apariencia una especialidad médica dedicada a las anomalías del pensamiento y la emoción, la psiquiatría no centró su atención en el órgano del pensamiento y la emoción hasta la década de 1980”.

 

Pudiérase decir que, fenomenológicamente, el conflicto aparece como si una postura excluyera al cerebro y otra lo considerase como el punto nodal de la resolución del conflicto. Si recordamos que L.S. Vigotski manifestaba que para explicar y comprender los procesos psicológicos más complejos del ser humano debemos bajar de las alturas del espíritu y salir de las profundidades del cerebro. Que debemos reconocer las condiciones histórico-culturales como base de la actividad cerebral y espiritual; por ende, no es admisible una contradicción de naturaleza antitética entre la actividad cerebral y las condiciones histórico culturales de existencia. Pues bien, de no asumir esta última sugerencia, seguiremos anclados en los reduccionismos.

 

(Continuará)