Cuando sea demasiado tarde… - El valor de los logros

En opinión de Gabriel Dorantes Argandar

Cuando sea demasiado tarde… - El valor de los logros

¿Alguna vez ha escuchado usted la frase “yo ya trabajé”? Pues bueno, por ahí vamos a empezar. Si no ha escuchado usted esa frase antes, ya sea dirigida a usted o en su presencia, debo de manifestarle mi más profunda envidia. Desde hace años he escuchado esa frase por lo menos una vez al mes, y no deja de atormentarme. ¿Qué le tiene que pasar por la cabeza a alguien como para justificarse de esa manera?

            Este último año he aprendido dos cosas, muy relacionadas, pero de manera independiente. Por un lado, he tenido la oportunidad de observar a alguien que, desde mi muy humilde punto de vista, tomó una serie de malas decisiones que conllevaron a una serie de consecuencias que tuvo que afrontar. Siempre he pensado que uno no debe de juzgar a las personas por sus errores más grandes, pero en esta ocasión me he permitido generar una cierta admiración por el estoicismo con el que esa persona soportó las consecuencias de sus actos y hasta ha sabido, mejor que muchos, recuperar el rumbo de su vida y de su carrera. A veces uno aprende más de los fracasos que los logros, y esta persona me ha permitido observar de cerca cómo uno sigue adelante porque a veces simplemente no queda de otra.

            La segunda cosa que he aprendido es que a veces los logros también son más complicados de lo que uno piensa. Desde hace varios años me he hecho a la idea de que los logros son un pequeño reflejo de todo el esfuerzo que conllevan, a veces es más la disciplina y el esfuerzo que los beneficios que trae consigo un logro importante. Sin embargo he notado que para otras personas los logros son como hechos inexpugnables que garantizan su éxito y  admiración por el resto de sus días, y luego se sorprenden cuando un logro deja de ser reconocido. ¿Qué no ves que ya acabé la primaria? ¿Por qué tendría que seguir trabajando? ¡Si ya trabajé por muchos años! Ahora corresponde que se me siga pagando por los logros que ya conseguí hace 10 o 20 años.

            El más grande de los fracasos no define a una persona, así como tampoco el más grande de sus logros. Un logro sería que me pescara el final de mi vida sentado en la computadora, trabajando (no es cierto, los brazos de mi amada sería un mejor lugar, pero sonaba más dramático lo otro). Una nueva filosofía de vida será no dejar que mis fracasos definan quién soy, y que los logros se cuenten siempre para adelante, y nunca para atrás.

            Así tal vez algún día la mediocridad muera, y seamos nosotros los que la hayamos matado.

           

*Facultad de Psicología

Universidad Autónoma del Estado de Morelos