Cuando el silencio nos habla

En opinión de la Psic. Adriana Hinojosa Luna

Cuando el silencio nos habla

Es un grupo pequeño en una escuela pequeña. La jornada comienza puntual, las niñas y los niños corren a sus salones a dejar sus mochilas, todos salen a la rutinaria activación  física, algunos están renuentes, otros emocionados, poco a poco todos comienzan a participar. De regreso a sus salones comienzan la jornada académica.

El silencio regresa a la escuela. De repente se escucha un plam, plam, plam, seguido de una voz que cuenta “uno, dos, tres, otra vez”, nuevamente el plam, plam, plam, al fondo suena un huapango, “El Querreque”, más zapateos, parecen una lluvia estrepitosa, arrítmica, caótica.

Pasan los días en la escuela pequeña, la rutina se repite, el plam, plam, plam, resuena y llega a los oídos de casi todos, el grupo formado por ocho estudiantes y una maestra se reúne diariamente a practicar el zapateado, los maestros de la escuela a fuerza de escucharla todos los días ya se han   aprendido la letra de “El Querreque”, otros incluso se han aprendido algunas partes de la coreografía.

La maestra del pequeño grupo se afana en contar los pasos, en encontrar la manera de marcar los acordes de una música que sus alumnos no escuchan.

El esfuerzo es de todos, los niños observan a su maestra contar con las manos una y otra vez, la observan  inventar claves para que ellos sepan que hay un cambio de pasos, que hay un cambio de ritmo, que hay un cambio en la coreografía, la observan también marcar los errores, al principio no comprenden que se han equivocado, pero a fuerza de ensayar y afanarse, también ellos se dan cuenta de la cadencia de la música, de lo que pueden hacer con su cuerpo, de que el ritmo es importante; observan a la maestra moverse, zapatear, enrojecer del esfuerzo y de la emoción cuando ellos aprenden otra parte de la coreografía de uno de los Huapangos más representativos de la Huasteca.

Los papás por su parte se emocionan al saber que sus hijos representarán a la escuela en un evento estatal, se comprometen a que las niñas y niños no falten a la escuela para no perderse los ensayos; ahorran y pellizcan del gasto familiar para comprar el traje típico que sus hijos vestirán en tan esperado evento; la organización  previa parece complicada, pero la disposición es mucha y cómo no va a serlo si el esfuerzo y la emoción que las niñas y los niños ponen en los ensayos no deja espacio para el desdén.

El evento pasa, los estudiantes regresan a su rutina, comentan y presumen su experiencia. En la escuela no se quiere dejar pasar su esfuerzo sin ser reconocido. Por lo que, con apoyo y complicidad de la directora del plantel y de la supervisora de la zona , se prepara una proyección de su presentación en el evento estatal;  es sorpresa, los estudiantes no saben qué va a suceder, algo presienten porque se ven ansiosos, ese día  se cita también a sus papás, se prepara la sala y sucede. Dejamos correr la grabación, desde las primeras imágenes se reconocen, los más pequeños saltan en sus asientos de la emoción, se señalan en la pantalla, voltean a ver a sus mamás, se les llenan los ojos de lágrimas, también a sus mamás y a las maestras y maestros al comprender lo importante de la experiencia, lo trascendental que les resulta, no fue sólo el hecho de ir a participar a nombre de su escuela, es ahora poder verse, reconocerse como personas capaces y dignas de reconocimiento.  Porque en los ensayos por más errores que cometieran y por más frustrante que fuera para todos, nadie tiro la toalla, nadie excusó los errores o dudó de que pudieran aprenderse la coreografía.

Y por eso después de escasas tres semanas de ensayos, tres parejas formadas por niñas y niños con discapacidad auditiva, lograron unificar el ritmo de su zapateado, hasta que no pareció más una lluvia estrepitosa, sino una lluvia encendida,  una lluvia capaz de  mojar el alma al ver cómo el caos puede convertirse en armonía.

La rutina vuelve a la escuela pequeña, en el aula de los niños con discapacidad auditiva el silencio ha regresado, no se escucha más “El Querreque”, pero todavía de vez en cuando se les observa mover los pies en sus butacas al ritmo de dicho huapango. El silencio entonces se rompe y nos habla a través del arte, a través de las manos,  a través de la música, a través de la danza que dicen por ahí es un lenguaje universal; este movimiento en sus pies nos pide continuar con actividades de su agrado, que les permite sentirse seguros y admirados por todos, pero principalmente por sus familiares. Ésta es la verdadera tarea de la Escuela, formar personas felices y seguras de si mismas.

Eucación Inclusiva si, Educación Especial también

 

*CAM #16 XOXOCOLTLA

 

 

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