Árbol inmóvil-La grisura de Alfonso Sotelo

En opinión de Juan Lagunas

Árbol inmóvil-La grisura de Alfonso Sotelo

Cuando se le cuestionó (este miércoles) sobre la demanda que interpuso la otrora diputada, Hortencia Figueroa (por “falsificación  de documentos” y otras presuntas omisiones), contra el actual parlamento, Alfonso Sotelo (en funciones de presidente de la Mesa Directiva) se circunscribió a emitir el siguiente laconismo: “Desconozco”.

            Su demencia tiene una justificación: la debilidad. Lo cierto es que, en su momento, la tuvo en sus manos, durante el proceso de entrega-recepción. Desde entonces, Sotelo mostró enflaquecimiento de carácter y, sobremanera, ignorancia legislativa. No aplicó la ley contra Hortencia. La dejó escapar (como López Obrador a Ovidio Guzmán, guardando las proporciones). Aseveró que ella busca “desviar la atención”. ¿Y lo que él hace. No es lo mismo? Tiene una idea vaga de lo que representa la coyuntura.

            Su amnesia transitoria posee otra interpretación: protegió la impunidad de aquélla. De esta forma, entre debilidad de carácter, falta de liderazgo, ignorancia de la ley y protección de la impunidad, Sotelo se aferra a la Presidencia. No obstante, hay un tópico que le va a explotar, en breve: el despido de trabajadores. Comenzó con un acto terrorista contra los afectados: suspender sus percepciones salariales. Atrás de cada uno de ellos hay familias completas. Empero, eso no le importa. Sólo se preocupa por saciar su intemperancia (como un ente lúbrico).

            Se molestó cuando un representante mediático le preguntó (cierto día) que explicara el contenido del artículo 33 de la Ley Orgánica. “No lo sé, en este momento”, contestó. ¡Increíble! Es lo mínimo que debería conocer. Entiendo que, antes de asumir su curul, tuvo que haberse sometido a un estudio pormenorizado de los esquemas normativos de su incumbencia. Como representante popular era su obligación. Y lo subestimó…

            Eso habla de otra latitud: no se esperaba el curso de las elecciones de julio del 2018. No le pasó “ni por acá”, como se expresa coloquialmente. Entonces, sacamos el siguiente epítome: los 20 congresistas actuales son el resultado de la ola inclemente que produjo el efecto “AMLO”.

            ¿Qué decir de la austeridad? Es un elemento que no existe en Morelos. El Legislativo es el único poder que está atento a su presupuesto: 468.5 millones de pesos. La promesa de reducirse el sueldo, como tanto lo vociferaron en sus respectivas campañas comiciales, fue un elemento demagógico, con tal de obtener el voto de la ciudadanía. Así andan.

Algunos, como Sotelo, están pensando ya en su futuro político. Seguro, éste buscará, una vez más, la presidencia municipal de Jojutla. Es su hábitat. En ese terreno se mueve a modo. Ahí, en ese espacio tan diminuto que es la comuna sureña, salvaguarda sus actos corruptos y sus nexos ¿ilegales?

            No debería seguir más en la Presidencia. Pero, los movimientos internos, con sus secuelas de ansiedad, desplazan las piezas a modo -sobre la superficie sutil de los escaques-. Al tiempo… (Y sus rebajamientos).  

DIPUTADOS IGNORANTES

Son 20. Empero, de éstos no se hace uno (siquiera). Verbigracia, Naida Josefina Díaz Roca, bajo el halo de la soberbia y la altanería, esconde su oscurantismo. Nada sabe. Los medios la evaden, porque, simple y llanamente, “no da nota”. Otra (quizá la peor) es Cristina Xochiquetzal Sánchez, del Humanista. Ésta ha sido tildada de “ratera”, como lo dijo, en su momento, Jesús Escamilla. En súmulas, en este parlamento imperan la corrupción, la impunidad, la ignorancia y otras insolencias del ejercicio del poder. No han leído a Alexander de Tocqueville. Los invito a que lo hagan, para que puedan despejar zonas de incertidumbre.

 

DEMOCRACIA A PRUEBA

            Leí a Ciro Murayama con vehemencia, en La democracia a prueba. No me gustó. El libro es una especie de compendio de los comicios anteriores. El autor muestra, mas no es incisivo en la decadencia de los ejercicios de participación ciudadana. Al contrario, se vanagloria del boato del ejercicio democrático. No es tal. Difiero. Dejo esta interrogante: ¿Qué habría pasado si López Obrador hubiera perdido?

 

ZALEMAS

            Existen dehesas agrestes. Otras, en abandono (como si la sequedad fuera su estigma sempiterno). Para T. S. Eliot, hay terrenos baldíos. Así lo dice en su poema característico:

 

Abril es el mes más cruel: engendra

lilas de la tierra muerta, mezcla

recuerdos y anhelos, despierta

inertes raíces con lluvias primaverales.

 

            En realidad, el vate quiere decir que todos los meses son acerbos (al igual que tus manos, cuando, cóncavas, acarician las paredes, alejándose de mis ojos y mi rostro). Y viene el gélido abrazo de la indiferencia:

 

El invierno nos mantuvo cálidos, cubriendo

la tierra con nieve olvidadiza, nutriendo

una pequeña vida con tubérculos secos.

Nos sorprendió el verano, precipitóse sobre el Starnbergersee

con un chubasco, nos detuvimos bajo los pórticos,

y luego, bajo el sol, seguimos dentro de Hofgarten,

y tomamos café y charlamos durante una hora.

Bin gar keine Russin, stamm'aus Litauen, echt deutsch.

 

            El clima metamorfosea en la desesperación. Éste suele hacerse más denso. La ansiedad de la huida vuelve el cielo gris. Todo se otea y, bajo esa influencia, se busca la muerte.

 

Y cuando éramos niños, de visita en casa del archiduque,

mi primo, él me sacó en trineo.

Y yo tenía miedo. Él me dijo: Marie,

Marie, agárrate fuerte. Y cuesta abajo nos lanzamos.

Uno se siente libre, allí en las montañas.

Leo, casi toda la noche, y en invierno me marcho al Sur.

 

            Ah, la infancia y su ligereza en el destiempo, donde nadie existe… Eliot (y su acicate Pound) buscó una voz propia, que se deshiciera del tiempo detenido, conforme a las palabras que se difuminan en las calles y la lluvia; en las arboledas y las hojas caídas… solas… Siempre a merced del viento y el polvo. (Hasta el próximo jueves…).