Árbol inmóvil «El chayote»

En opinión de Juan Lagunas

Árbol inmóvil «El chayote»

La mala prensa fluctúa, inescrutablemente. Camufla su acento ideológico con base en el régimen. Es un hecho visible y, en gran medida, común. En términos prosaicos, a este tipo de reportero se le denomina: “acomodaticio”. Los hacedores de opinión se “amoldan” al modo del recipiente, para rendir pleitesía al dedo admonitorio.

            Debido a que los medios de información se rigen por códigos de ética no reconocidos (inexistentes), no hay vergüenza. Nadie la tiene. En Morelos, ningún medio impreso ni electrónico se salva. Sin embargo, los precursores de la palabra periodística son aún más DESCARADOS… Suelen deambular en la labor reporteril, para justificar su voracidad o, como se suele decir, su conducta de ansiedad. Es un acto consuetudinario, el pedir embute. La mano extendida, al fin.

            Algunos legisladores del Congreso local tienen sus voceros que, aunque no lo son, a ciencia cierta, asumen una conducta tal, para “posicionar” ideas en la opinión pública.

De esta forma, el auditorio se vuelve un receptor de mensajes tergiversados, que emergen de los aparatos tecnológicos audiovisuales. No hay quien detenga esta práctica malsana, que se multiplica, a medida que los actos de corrupción se despeñan en la relación ominosa: Estado-medios.

            Y, de esa forma, se enciende la llama de los poderes fácticos, como una especie de fuego en un campo seco (ni una brecha puede detenerlo).

            En los tiempos del emperador Constantino, se aplicó un algoritmo que no ha perdido vigencia: “Divide y vencerás”. La fragmentación tiene mayor vehemencia hoy día. Es una forma de manipular. Es más fácil “desplazar” a varios elementos de un todo, porque se vuelven livianos (si lo vemos desde la perspectiva de la Mecánica).

            Cuando el radio de acción de la prensa es relativamente diminuto (como sucede en Morelos), el manejo de conciencias se vuelve más sencillo. Lo peor de todo es que los redactores de noticias no se dan cuenta. Ni se inmutan del juego lúgubre en que han caído. Lo importante es saciar sus concupiscencias.

¿No entienden que el hombre es una continua oscilación entre privación y saciedad? Al cabo de tres años, o cuando se da una alternancia de poder, vuelven los “chayotes”. Con eso, los mismos “reporteros” propician que el círculo siga y, por lo mismo, los gobernantes hagan una taxonomía mediática: hay “mass media” fifíes.

Los críticos no tienen cabida en la administración de Andrés Manuel López Obrador. Ni en la de Cuauhtémoc Blanco Bravo, quien suele darles la vuelta, ensimismado (de modo deliberado) en su incapacidad y en su torpe locución... En su escasez de glosario.

Empero, atrás del mandatario futbolista va un desfile de pseudo reporteros, recogiendo el falso maná de monedas, que no es más que una limosna. Una subvención que las manos insaciables recogen, sin experimentar ningún tipo de cortedad (o pena).

Y no sólo van en pos de esa figura, sino, sin ningún pudor, persiguen a regidores, secretarios de despacho, líderes de partidos políticos, asesores y demás.

            El chayote equivale a dádiva. Los columnistas no están exentos. Son los peores. ¿Digo nombres? No tiene caso. Cometería el error de caer en la apología de la deshonestidad. Los que hacen acreedores a estos beneficios podrán refutarme, sin lograrlo. Guarden silencio… Es mejor.

            El sembradío de estas verduras va a continuar, en tanto la parcela no se haga baldía. Lo irrisorio es la complicidad. Y se desencadena lo peor: el “chayotero” queda estigmatizado. ¡Cuántos compañeros hay! Se sabe (con certeza y no con especulación) quiénes utilizan esta mala práctica, que es la antítesis del auténtico periodismo. Qué razón tenía Kapuscinsky: “Los cínicos no sirven para este oficio”. De verdad: retírense. Dejen respirar…

 

ZALEMAS

            “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”. Así inicia Cesare Pavese en un poema que posee el mismo título. Y sigue…

 

—esta muerte que nos acompaña

de la mañana a la noche, insomne,

sorda, como un viejo remordimiento

o.un vicio absurdo.

            Ahí está. Pálpala. Viene y se queda. Se aleja y, casi de inmediato, acorta la distancia. No obstante, fue vencida por el Ungido… Fácil…

 

Y el vate continúa:

Tus ojos

serán una palabra hueca,

un grito ahogado, un silencio.

Así los ves cada mañana

cuando a solas te inclinas

 hacia el espejo. Oh querida esperanza,

ese día también sabremos

que eres la vida y la nada.

 

            La amargura no se hacina a la epidermis: la hiende. Los ojos de la amada se hacen un cielo oscuro. La noche no se les asemeja, porque no tiene tal indeterminación.