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Los priístas de Morelos apremian a su dirigencia nacional para que emita la convocatoria para renovar a su presidente.
Los priístas de Morelos apremian a su dirigencia nacional para que emita la convocatoria para renovar a su presidente. Los sectores del PRI proponen que se pongan candados a la convocatoria. Los aspirantes dicen que no permitirán una imposición de su dirigencia. A pesar de todo Beatriz Paredes será quien defina al próximo presidente del PRI en Morelos.
Candados priístas
Antes de que el comité directivo nacional del PRI de a conocer la convocatoria para renovar la dirigencia estatal, los priístas morelenses están analizando cuáles podrían ser los candados legales que eviten una cena de negros en la contienda. Hace algún tiempo, a través de sus representantes en el consejo, los aspirantes determinaron que el camino sería una elección abierta. Ahora, ante el retraso de la dirigencia nacional y la aparición de más candidatos, los candados podrían ubicarse en el aval de los sectores. La meta es que sólo participen los que tienen liderazgo.
Aunque la declaración sobre los candados viene de uno de los priístas más desprestigiados del estado (Vinicio Limón, dirigente de la CTM), el argumento es interesante. A decir del representante del sector obrero del PRI, uno de los candados de los que se podría echar mano en la convocatoria sería que aquellos que deseen participar en el proceso necesariamente deben recibir el aval de uno de los sectores del partido, de manera que la contienda no se sature de candidatos, se evite un desgaste mayor y la consecuente división que ello provoca.
La reflexión del líder obrero es válida en tanto los candados se procesen adecuadamente y las reglas se fijen de manera clara desde el principio. El retraso en la emisión de la convocatoria ha provocado que los aspirantes se desgasten al tiempo de que ha hecho que se agreguen más figuras a la contienda, a pesar de que algunos de quienes se dicen candidatos no tiene ni el liderazgo, ni la estructura, ni las condiciones propicias para competir. Muchos de quienes se han apuntado en el proceso sólo buscan que se les tome en cuenta para negociar.
Hasta ahora no hay más de tres priístas con las posibilidades, la capacidad y las condiciones para asumir la presidencia. Samuel Palma, Víctor Saucedo y Amado Orihuela son los únicos que verdaderamente pueden dirigir al partido porque (cada quien a su manera) han ido construyendo las bases para estar en esa posición. Uno amparado en sus relaciones nacionales, otro apoyado por estructuras locales y uno más apalancado por sus recursos económicos, pero hasta ahora sólo esos tres tienen los elementos que se requieren para ser el presidente del PRI en Morelos.
A últimas fechas se ha deslizado la idea de que la dirigencia nacional que encabeza Beatriz Paredes tomará una decisión vertical y forzará a los candidatos a que alcancen un acuerdo de unidad. De una manera más sutil que en otros tiempos se advierte la intención de imponer a un candidato de unidad, porque se entiende que en lo local no existe la madurez para lograr algo así. En Morelos el PRI se perfila como el más claro aspirante a la gubernatura del estado; por lo mismo desde la óptica federal es imprescindible que al frente del Revolucionario Institucional se ubique un político que tenga la experiencia y la capacidad de conducir al partido y el carácter para convivir con sus liderazgos.
En ese sentido es interesante observar la propuesta que hace Vinicio Limón y las variables que podrían salir de los candados que sugiere. En principio, si para competir se requiere el apoyo de un sector del partido y estos no pueden otorgarlo a todos, se entiende que habrá menos candidatos y se logrará una depuración natural que disminuirán los riesgos de división al momento de la contienda. Esa es una medida inteligente.
Mantenemos la misma reflexión de hace unos días: el próximo presidente del PRI será uno de los tres antes mencionados (Samuel, Víctor o Amado) y la dirigencia nacional, a pesar de lo que les incomode a los priístas locales, sigue siendo un factor determinante en la designación del próximo presidente. Creemos que la óptica de Beatriz Paredes es clara sobre el perfil que debe tener su representante en Morelos y sostenemos que en su mente no está contemplado un dirigente con un perfil rural, un discurso limitado, una personalidad bronca y un pasado oscuro. A pesar de que en Morelos el PRI tiene un sector campesino importante, se requiere de un líder con un perfil más urbano.
Aunque no guste a los priístas locales, lo más probable es que su próximo dirigente lo designe una tlaxcalteca. El dedazo no ha muerto.
Dicen los que saben que todavía habrá más cambios en el gobierno de Marco Adame; afirman que el proceso para reforzar el gabinete estatal incluye otros movimientos en mandos medios y alguno más de primer nivel. Los enterados narran que, de hecho, el miércoles se iba a dar a conocer la salida de José Luis Rodríguez de la secretaría de educación y la llegada de Iván Elizondo, pero de último momento, por una razón que sólo conoce el gobernador, ya no se proceso este cambio; también salía Rafael Martínez, pero Víctor Sánchez no quiso entrar a esa posición. Es evidente que el gobernador ha decidido apoyarse en el PAN y es visible que los ajustes en su staff tienen el sello azul. En algunos casos los nombramientos que hizo el Marco Adame en su gobierno fueron bien vistos, pero otros recibieron mucha crítica. A Francisco Alva y a Basiliso Miranda el coordinador del PRD en el congreso se les ha ido a la yugular; al pequeño Enrique, ahora flamante director del instituto de crédito y miembro (por aquello de los cojones para hablar con el narco) del cártel de Acción Nacional, también le ha llovido sobre mojado. Los priístas consideran la llegada de Iragorri una afrenta personal y una confirmación de que lo hecho en la campaña por Enrique el Cojonudo fue ordenado por Marco Adame. La sustitución de Jorge Hinojosa por Fernando Bahena amerita aplausos para el mandatario, lo mismo que el nombramiento de Rey David en la Oficialía Mayor y el enroque de Oscar Cano; estos tres personajes se han ganado a pulso el respeto general y han confirmado con su trabajo y con sus resultados el compromiso con el gobierno estatal y con su titular. Sigue pendiente la revisión en la secretaría de educación y la eventual salida de un hombre decente, pero profundamente desgastado. Si lo que el gobernador Adame quiere es reforzar su equipo de gobierno, el eje que determine los cambios de funcionarios no debe ser una cuota partidista, sino la capacidad y el compromiso de las personas; ya lo dijo hace unos días el propio Adame: lealtad y resultados. A propósito de cambios, dicen que el comité estatal panista pidió al gobernador la salida de la contralora Patricia Mariscal Vega.
En los últimos meses el senador Graco Ramírez ha cambiado de estrategia política. De un tiempo a la fecha el perredista dejó de lado los temas policiacos que le dieron notoriedad en años anteriores para ubicarse lejos de los escándalos. Dicen quienes están cerca del tabasqueño que el senador está construyendo la estructura para su campaña por la gubernatura y que debido a ello se bajó de los temas espinosos que en otro tiempo le hicieron famoso, pero también le estigmatizaron. El objetivo de Graco es alejarse de asuntos policiacos y dejar de ser un sinónimo de conflictos. La nueva moda del perredista (Graco Reloaded) es mostrarse como un político que construye, que dialoga, que propone, que consensa, que convence y sobre todo, que es confiable (¿atekai?). El tabasqueño supone que con los desplantes de los últimos meses y los ajustes hechos a su personalidad en las últimas semanas quedará atrás un pasado de más de treinta años en los cuales se distinguió por todo lo contrario a lo que hoy promueve. Ya lo escribió la semana pasada Gerardo Becerra en su columna El Jabonero (lo escribió muy bien, porque lo conoce muy bien); el senador es un Graco con piel de oveja que quiere engañar incautos y que tiene una agenda de trabajo perfectamente definida para lograr un objetivo cuantificable. Como lo adelantó Gerardo: en cuanto Graco asome la cabeza, más de uno (Raúl Iragorri el primero) saldrán a cobrar las cuentas políticas y personales pendientes que el senador tiene con muchas personas. Graco Ramírez Garrido Abreu quiere ser gobernador de Morelos; antes no pudo porque la ley no se lo permitía, en el 2012 no podrá porque la gente no le tiene confianza. Al tiempo.
En las últimas dos semanas, so pretexto del informe 3.5, el gobernador Marco Adame Castillo le apostó muy fuerte a una campaña nacional que lo pusiera en la mente del presidente Felipe Calderón. La propaganda se ubicó en el tiempo en que el Partido Acción Nacional iba a definir las candidaturas de los estados y como consecuencia algunos funcionarios, como Miguel Ángel Yunes, iban a salir del gabinete federal. El director del ISSSTE abandonó el gobierno federal para ir a competir por la gubernatura de Veracruz, pero no renunció al cargo, sólo pidió licencia; un funcionario del instituto asumió temporalmente las labores de director en espera de que Yunes regrese, porque difícilmente ganará la gubernatura de Veracruz. La jugada política que esperaba el médico morelense no se dio y el enroque que lo pudo colocar en el gabinete federal no ocurrirá. Marco Adame esperaba que la salida de Yunes fuera su entrada al gobierno calderonista para conseguir dos cosas en concreto: 1.- Alejarse de la presión que tiene al frente del estado por los problemas de seguridad a través de una salida política atractiva (caerse para arriba, dirían los clásicos) y 2.- Colocarse en el escenario federal con la intención de ser considerado para la candidatura presidencial de su partido. Eso ya no ocurrirá. En el ejecutivo hay un dejo de nostalgia que pronto deberá ser superado por el mandatario para que el ritmo que le ha caracterizado en los últimos meses no baje y su espíritu de lucha no decaiga. Marco Adame compitió para ser gobernador y pasada la mitad de su sexenio ya no quiere ser gobernador. La gubernatura no fue lo que Marco Adame esperaba y las ideas y proyectos que por muchos años acarició, en su mayoría no se cumplirán por razones que el propio ejecutivo no puede explicar. El intento de salida política de la gubernatura no funcionó; ahora lo que sigue es ponerse a trabajar.
Comentarios para una columna con tos:
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